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Como fondo y a
manera de Gloria Hispalense en el barrio de San Lorenzo,
aparece una vista de la Parroquia que le da su nombre, por
ser la primera imagen mariana de este enclave que se
coronará canónicamente. El reloj de la torre señala la hora
del comienzo de esta ceremonia.
En el lado opuesto se recrean las espadañas del Convento
Franciscano de San Antonio de Padua, sede canónica a lo
largo de varias centurias de la Hermandad del Buen Fin.
Centra este celaje o Gloria, el remate del majestuoso altar
de plata de Juan Laureano de Pina de la Catedral de Sevilla,
ante el que el Cardenal ceñirá sobre las sienes de la
Virgen, la presea que la proclama, una vez más, como Reina
de todo lo creado. Todo ello envuelto en una veladura a
manera de nebulosa.
Emerge en la parte central de este óleo e interpretada con
transparencias, la imagen de Nuestra Señora de la Palma en
visión frontal. Sobre su pecho una palma de oro sobre la que
se superpone la corona real, donación esta de un grupo de
hermanos y hermanas para tan solemne ocasión.
Bajo la Virgen y en primer plano, unas manos franciscanas y
otras simbolizando las infantiles del Centro de Estimulación
Precoz Cristo del Buen Fin, ofrecen a la Virgen una corona
de azahar y violetas.
El azahar representa la pureza de María y las de los niños y
niñas que reciben atención en el referido Centro. Las
violetas, símbolo de la humildad, reflejan el carácter
franciscano de esta Orden tan vinculada a esta Hermandad.
Esta pintura está realizada al óleo sobre tabla, en la que
he pretendido acentuar el motivo de esta Coronación
Canónica, que no es otro que el reconocer la ejemplar y
altruista labor caritativa que viene desarrollando en la
sociedad sevillana, desde hace más de veinticuatro años, una
Hermandad de carácter sencillo y humilde en la tarea de
rehabilitar niños y niñas disminuidos síquicos.
ANTONIO J. DUBÉ DE LUQUE |